19 noviembre 2012

Ego sic semper ignaris


Reza el dicho "el que calla otorga", pero el silencio es relativo, y cuando los oídos de quien tiene que escuchar están taponados de billetes, orgullo y/o ponzoñoso deseo de poder, otorga un mudo y otorga Aquiles aunque esté derrumbando a voces los muros de Troya llamando a Héctor.

Leo hace poco esta entrevista al vicepresidente de la SEEC (Sociedad Española de Estudios Clásicos), sobre el reciente anteproyecto de reforma educativa. Y el panorama está negrillo, sobretodo para aquellos a los que su vocación dirige hacia los institutos. Pero todavía no está todo perdido; no, señor.

Me considero una persona lenta para hacer cosas. La mayor parte de mi vida ha sido por no saber aprovechar bien el tiempo, pero últimamente sobretodo porque me gusta hacerlas bien. E intentándolo el primer bache es la propia ignorancia. Hoy rompo el silencio de meses para compartir con vosotros mis propios faltas, porque no quiero otorgar, y porque tengo la esperanza de ilustrar, una vez más, la tan coreada pregunta ¿para qué sirve el latín y el griego? y otra muy cercana ¿por qué nos toca tanto los coleones a los profesores clásicos que se juegue con la educación?


Empecé este blog con la intención de subir y ordenar de paso todos los apuntes que había ido acumulando a lo largo de la carrera. La cosa fue bien, pero lenta; a principios de este año me propuse publicar más. Pero lo bastante que me lo propusiera para detenerme a pensar ¿qué vas a contar, Jaime? ¿quid novi hay en lo que tienes que ofrecer? Tablas con desinencias, notas dispersas sobre una literatura que no había leído o ya no recuerdo - no me he leído salvo fragmentos de la Eneida, por ejemplo, y aunque reconozco que Virgilio tiene mucho arte, no es mi libro favorito - y opiniones; delirios de juventud que me impulsaban a "opinar" sobre todo y todos...hasta que lees otros blogs, empiezas a dar clase a chavales, a tomarte en serio tu trabajo, y te das cuenta de que haces agua por todos lados. Necesitas explicar alguna irregularida de la tercera declinación y descubres con escondida vergüenza que sin un libro o diccionario de apoyo no se te ocurren más que dos o tres ejemplos. O si saltamos a la literatura, aquellas veces en las que uno se entusiasma contando una anécdota de un personaje, para desmentirla al día siguiente porque habías confundido un autor griego del s.V con un romano del II d.C.. Ea.

"Sólo sé que no sé nada". La primera colleja, de Sócrates. La segunda, indirectamente nos la da con (mal) ejemplo Aulo Gelio, que defiende en el prólogo de sus Noches Áticas el haber escrito una obra "útil", cuando la única utilidad que tienen es proporcionar chascarrillos cultos para amenizar durante un año esas veladas con tus amigos frikis de lo antiguo: "poco de todo, mucho de nada".

Con estas dos máximas por bandera, y una mujer repleta de orden y sentido común a mi lado, emprendo la tarea de empezar de cero a sentar las bases ¿Qué quiero hacer? ¿Qué quiero o puedo aportar? y una pregunta muy importante ¿Qué necesito saber? Porque enseñar, como arreglar cosas, da igual que sean grandes o pequeñas, requiere entender del tema. No por encimilla, no; de verdad.

Conocer la Antigüedad Clásica, aunque sea de pasada, te da mucha amplitud de visión. Saber cuántos han intentando llegar a ser famosos, cuántos han escrito, cuántos han sentido y vivido, llorado y reído, triunfado y fracasado, y de todos ellos qué poquito sabemos de la mayoría. Eso le enseña a uno humildad.

La siguiente cosa que te enseñan las Humanidades, es decir, el conocimiento de las cosas propias y exclusivas del ser humano, es el orden. Tanto en el índice de un manual de gramática antigua, como en el funcionamiento del ejército romano, o la democracia ateniense, o la biarquía espartana, o los discursos de Cicerón, tuvieron éxito y pervivieron porque se basaban en unos principios claros y ordenados.

Con todo ello en mente, descubrí que de todo lo que sabía, lo que más me interesaba, y lo que más posibilidades ofrecía, era el vocabulario, Porque las palabras son al ser humano como los ladrillos al albañil; todo se hace con ellas. Me he dedicado estos meses a recopilar listas de palabras, a leer sobre cultura romana y griega, a clasificar lo que sabía y aprender lo que no, para publicar algún día un librito con el cualquiera pueda aprender no sólo el léxico necesario para leer a los autores clásicos, sino un poco sobre aquellos tiempos. Cultura y gramática a la vez.

¿Qué tiene que ver todo esto con nuestro querido Wert y con la importancia del latín y el griego? Algo muy simple: las humanidades me han enseñado a darle forma a mis sueños. Sin aquellas notas dispersas sobre esos locos romanos, o sobre los dichosos griegos que desde el bachillerato he ido recogiendo, hoy no sería capaz de mirar con tanta distancia las mamarrachadas que hacen los políticos y aún así seguir teniendo confianza en el sistema, porque sé que cuando Pericles decidió que los cargos públicos se pagaran fue para que todos pudieran ejercer un derecho, el de autogobernarse. Por mi formación clásica sé que la democracia es un privilegio, una suerte tremenda que se construye a base de esfuerzo y raciocinio de todos los ciudadanos, y que en ella lo que los votantes otorgan al elegido no es poder, sino capacidad para cumplir una responsabilidad.

¡Tantas cosas, tantas emanan de esas viejas piedras y letras que adornan nuestras calles! Que la eliminen, si quieren. Y luego que tengan huevos de gobernar a una masa ignorante cuando otro con más labia los dirija en su contra. Porque eso es lo que se consigue dando a la gente herramientas sin sabiduría para usarlas: gigantes con brazos de hierro y pies de barro.

Bonum diem habeatis, et bene valete

1 comentario:

nevtheraven dijo...

Yo te animo a conservar ese espíritu y a perseverar.
La verdad es que me identifico mucho con lo que dices. Yo también he tenido lapsus imperdonables como decir que Alejandro Magno había llegado a China para luego darme cuenta de que estaba pensando en Marco Polo y también pasé por una educación clásica que seguía el método "grammar-translation" que me volvió dependiente del diccionario.
Así que no estás solo en este camino de autoperfeccionamiento y de deseo de mejorar como profesional y como persona. Como decían los romanos: "Constantia fundamentum est omnium virtutum."

Cura et valeas