05 marzo 2010

Saber dudar, saber estudiar

La semana pasada me encontraba con algunos compañeros de filología clásica hablando entre otras cosas, de este blog; qué cosas planeaba hacer, si querían participar...lo propio. Haciéndome a mí mismo la pelota, vaya. Hacia el final de la conversación les recordé que había una sección por si querían preguntar dudas, a lo que cierto amigo me respondió que "no se le ocurría ninguna". O es muy listo, o tiene un problema gordo; más bien lo segundo. Y lo peor, hay mucha gente igual.

El conocimiento, desde mi punto de vista, es una carretera de dos direcciones: una por la que los contenidos penetran (o lo intentan) en nuestro cerebro, y otra mediante la que los datos, después de ser elaborados, sale hacia fuera. Ambas necesarias entre sí. Dicho en román paladino: no es lo mismo aprender de memoria que desarrollar a partir de lo que te enseñan. Por desgracia, el sistema educativo español - por la parte que me toca - se centra más en la parte receptiva, dejando lo demás al genio y picaresca de la víctima de turno.

¿En qué parte de estas dos nacen las dudas? Me diréis que en cualquiera de las dos, pero donde verdaderamente surgen las preguntas más productivas - las que os interesa plantearos - es cuando ponemos en acción ese conocimiento aprendido. ¿Cuántas veces nos quedamos en blanco en un examen, o dando clase a alguien? Y uno se acuerda de la madre que lo parió por darse cuenta justo entonces de que tal o cual cosa no estaba tan clara.

Vayamos paso a paso. La cuestión depende de tres factores:
  1. la curiosidad que uno posea por naturaleza.
  2. el interés que tengamos o le pongamos al asunto.
  3. qué método utilizamos al estudiar
De los tres, el primero no lo puedo cambiar; el segundo es cosa de cada uno, si somos personas adultas (de ahí la disyuntiva entre "tener" o "poner"); el método sí que podemos analizarlo y cambiarlo con relativa facilidad si hace falta; aquí es donde debemos insistir.

Organización

Hay muchas formas, pero os voy a describir la que mejor me va a mí - en vuestra mano está tomarla o no. Cuando escucho a alguien o tengo un texto delante, lo que intento es reducirlo a sus líneas generales, y a partir de ahí reconstruir el proceso a mi manera. La explicación paso a paso, según la circunstancia:

a) En clase (conferencia, discurso o similar)

  • Escuchar. Con atención. A ser posible manteniendo el boli a una distancia prudencial, pero tampoco muy lejos.
  • Descomponer lo que me estén contando en unas pocas ideas; si algo no me cuadra, y puedo, interrumpo al que esté hablando para decirle que repita; si no hay manera, copio (y sólo en esta circunstancia ejercito el oficio del manuscriptor) con la mayor literalidad posible lo que encarte, con una nota indicando que no estaba claro - un "?" normalmente.
Efectivamente, esto es lo que normalmente se llama hacer esquemas. Muchos se quejan de no ser capaces de pensar tan rápido y en lugar de ejercitar la rapidez de sus sinapsis desarrollan las muñecas. Un esfuerzo loable, y asombroso en algunos casos, pero un poco tonto en mi opinión. Para qué voy a perder dos horas en mi casa releyendo morralla si puedo simplificarlo todo desde un comienzo. Las primeras veces cuesta, pero sed constantes y sobretodo, no temáis interrumpir si os dejan. Cuando hablamos con un amigo, ¿no acabamos por recordar sólo lo esencial aunque olvidemos las palabras exactas? ¿No somos pesados y no dejamos en paz al secretario de turno o el funcionario de hacienda hasta enterarnos de todo? Pues haced lo mismo en clase.

b) En casa (o donde sea)

Si hemos seguido los pasos anteriores, tendremos una cantidad menor de papeles que hojear para nuestro alivio. Ahora que no tenemos (tanta) prisa, toca exprimirse la frente y darle a esos esquemas una forma definitiva. Por escrito y sobretodo, en nuestra cabeza.
  • Releer buscando conceptos que no hubiera quedado claros. Si dejamos algo sin escribir y todavía lo recordamos, es el momento de apuntarlo. Mañana ya se habrá perdido.
  • Redactarlo todo en formato "extendido" - sustituyendo flechas o los signos que utilicemos por expresiones verbales. Intentad usad bien los párrafos para delimitar los contenidos y colocar los ejemplos bien a la vista. Si no tenéis suficientes, los buscáis (para algo están esas listas de bibliografía que nunca se usan).
En resumen

Me he dejado cosas en el tintero seguro, pero lo que quiero que quede claro es lo siguiente:
- Esforzarse por entender desde el principio - el mejor momento para plantear dudas es mientras te están dando la información. 
- Mueve el cerebro, no la mano - si nos limitamos a copiar literalmente no estamos atendiendo a lo que nos dicen; desperdiciamos el tiempo, y no sólo nos aburrimos nosotros, sino también el que os esté hablando. Muchos profesores se convierten en metralletas parlantes porque no están acostumbrados a que los alumnos participen. Rompamos ese círculo vicioso con un par de cojones.
- Ser ordenado - como sea, pero no intentes asimilarlo todo de golpe. Haz apartados, clasifica los contenidos. La subordinación no existe porque sí.

Esto es sólo una introducción, una visión general del problema y un poco de mi experiencia personal. Si os gusta - y eso espero - escribiré algún artículo más detallado y con suerte, algún ejemplo concreto. ¡Nos vemos!
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